Evidencia VetEvidencia Vet
Pequeños Animales

Estadías prolongadas en refugios caninos: qué evidencia existe para mejorar la calidad de vida

Por Aquiles Conejeros, Médico Veterinario16 min de lectura
Ilustración editorial sobre bienestar en refugios caninos y estadías prolongadas, categoría Clínica de Pequeños Animales

Resumen ejecutivo

Los refugios y albergues fueron concebidos como espacios de tránsito, pero en la práctica muchos perros pasan años en ellos. La evidencia acumulada en la última década permite responder tres preguntas que importan para quienes trabajan en estos lugares: si la permanencia prolongada tiene un costo fisiológico medible, si ese costo es reversible, y qué intervenciones concretas lo reducen. Las respuestas son razonablemente claras en los dos primeros puntos y parciales en el tercero. Existe además una línea de investigación en roedores que ya realizó el experimento causal que todavía falta hacer en perros, y que ofrece una hipótesis directamente replicable en el contexto de refugio.

El costo medible de la permanencia

La primera pregunta tiene respuesta cuantificada. Un estudio de la Universidad de Utrecht (van der Laan, Vinke y Arndt, 2022, Scientific Reports) siguió a 52 perros en cuatro momentos: al ingreso al refugio, tras seis semanas dentro, seis semanas después de ser adoptados y seis meses después de la adopción.

El cortisol en pelo, un marcador acumulativo de activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, aumentó cerca de un tercio tras seis semanas de permanencia (de 16 a 21,8 pg/mg en promedio) y descendió progresivamente tras la adopción, acercándose a los valores de ingreso. La medición correlacionó además con el cociente cortisol/creatinina urinario, lo que refuerza su validez.

Un detalle que le da peso adicional al hallazgo: el refugio del estudio tenía condiciones por encima del promedio, incluyendo paredes de vidrio en lugar de rejas para reducir la contaminación acústica. Si el aumento se detectó incluso ahí, es razonable esperar el mismo fenómeno, o mayor, en instalaciones más básicas.

A esto se suma un dato de sueño con implicancias directas: los perros que viven en hogares duermen aproximadamente 14 horas diarias, mientras que los alojados en refugios duermen algo menos de 11 horas. La privación crónica de sueño no es un detalle menor en un animal que pasa años en esas condiciones.

Lo que ocurre cuando el perro sale, aunque sea una noche

El estudio más contundente sobre reversibilidad viene del Canine Science Collaboratory de la Universidad Estatal de Arizona (Gunter, Feuerbacher, Gilchrist y Wynne, 2019, PeerJ). Evaluaron programas de acogida temporal de una y dos noches, en cinco refugios de Estados Unidos con realidades muy distintas entre sí (desde instalaciones que atienden 600 perros al año hasta otras con más de 6.000). Participaron 207 perros y se analizaron 1.076 mediciones de cortisol.

Los resultados:

  • El cociente cortisol/creatinina descendió significativamente durante la estadía en el hogar de acogida, en todos los refugios participantes.
  • Al volver al refugio, el cortisol regresó a los valores basales previos, pero no aumentó por sobre ellos. Es decir, el regreso no generó un costo adicional.
  • Los perros tuvieron sus períodos más largos de descanso ininterrumpido durante la acogida, seguidos por el período inmediatamente posterior al regreso.
  • Los perros con períodos más largos de descanso ininterrumpido presentaron niveles más bajos de cortisol.

Hay un hallazgo adicional en ese mismo estudio que merece atención especial: las diferencias de cortisol entre los cinco refugios fueron, en algunos casos, mayores que el efecto de la intervención de acogida misma. Dicho de otro modo, en qué refugio vive un perro puede pesar más sobre su fisiología del estrés que si sale o no un fin de semana a un hogar temporal.

Qué funciona dentro del refugio

Sacar al perro del refugio no siempre es posible. La pregunta práctica es qué se puede hacer puertas adentro, y ahí la evidencia se organiza en dos grandes categorías: enriquecimiento social (contacto con humanos u otros perros) y enriquecimiento inanimado (objetos, alimento, estímulos sensoriales).

Enriquecimiento con juguetes de alimento más entrenamiento. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en JAVMA (Herron et al., 2014) con 107 perros de un refugio municipal comparó un grupo experimental (n=48) que recibió entrenamiento en el box dos veces al día más un juguete relleno de alimento diariamente, contra un grupo control (n=59). El entrenamiento reforzaba positivamente conductas deseables: acercarse al frente del box, sentarse o echarse, y permanecer en silencio al ser abordado. Los resultados mostraron aumento de conductas deseables y disminución de conductas indeseables en el grupo enriquecido.

Alojamiento individual versus grupal. Trabajos clásicos comparando ambos esquemas (Hubrecht et al., Mertens y Unshelm) encontraron que los perros alojados solos eran más inactivos y mostraban más conductas estereotipadas que los alojados en grupo, mientras que estos últimos exhibían más conducta exploratoria, probablemente por mayor estimulación olfativa.

Contacto humano breve pero de calidad. Willen y colaboradores documentaron que 15 minutos de interacción humana tranquila y positiva redujeron la respuesta de cortisol plasmático al estrés en perros de refugio. Otros estudios confirmaron el efecto positivo del contacto humano incluso en perros temerosos, y advirtieron que la actividad humana ausente o irregular puede ser perjudicial y favorecer la aparición de problemas de conducta.

El límite de la evidencia actual. Un estudio con telemetría en un refugio italiano (2024, Scientific Reports) monitoreó ocho perros de larga permanencia durante 28 días, exponiéndolos secuencialmente a tres tipos de enriquecimiento: objetos, contacto con congéneres y contacto humano. Los propios autores concluyen que la comprensión actual sobre la influencia de distintos estímulos en el bienestar de perros de refugio sigue siendo limitada y que los datos son todavía insuficientes para sacar conclusiones firmes. Este estudio aportó además una métrica interesante: la diferencia entre actividad diurna y nocturna como indicador de adaptación al refugio.

La inactividad como señal, y lo que el modelo en roedores ya resolvió

Aquí es donde la investigación en animales de laboratorio ofrece algo que la investigación en perros todavía no tiene.

En ratones de laboratorio se describió un estado conductual llamado IBA (inactive but awake): el animal permanece inmóvil, despierto y con los ojos abiertos, sin interactuar con su entorno. El grupo de Carole Fureix y Georgia Mason, entre las universidades de Guelph, Bristol y Plymouth, ha construido durante una década un cuerpo de evidencia sobre este comportamiento:

  • Fureix et al. (2016, Behavioural Brain Research): ratones criados en jaulas sin enriquecimiento pasaron más tiempo en IBA que los criados en jaulas enriquecidas.
  • Fureix et al. (2022, Pharmacology, Biochemistry and Behavior): probaron si el estado respondía a tratamiento. Tanto el antidepresivo venlafaxina administrado de forma crónica como el enriquecimiento ambiental redujeron los niveles de IBA. Combinar ambos no potenció el efecto. Que un antidepresivo reduzca la conducta es uno de los argumentos más fuertes a favor de que se trate efectivamente de un estado tipo depresión.
  • Trevarthen et al. (2025, Royal Society Open Science): manipularon el enriquecimiento en ambas direcciones. Quitar enriquecimiento aumentó el IBA; agregar enriquecimiento lo disminuyó. Además, la densidad de neuronas inmaduras en el giro dentado ventral del hipocampo fue menor en los animales alojados en jaulas convencionales, un hallazgo que conecta la conducta con un sustrato neurobiológico.
  • En caballos, los individuos con mayores niveles de IBA muestran anhedonia, es decir, reducción en la capacidad de experimentar placer.

Interpretación Evidencia Vet: la investigación en roedores completó una cadena que en perros de refugio sigue abierta. En ratones se demostró que la inactividad prolongada responde de forma bidireccional al ambiente (sube al empobrecerlo, baja al enriquecerlo), que responde a tratamiento farmacológico antidepresivo, y que se asocia a cambios en neurogénesis hipocampal. En perros de refugio, en cambio, la inactividad se ha descrito, se ha medido con acelerómetros y se ha correlacionado con el juicio de expertos, pero nadie ha hecho el experimento equivalente: tomar perros con alta inactividad medida objetivamente, aplicar un protocolo de enriquecimiento definido, y volver a medir para ver si la conducta cede. Es una hipótesis replicable, metodológicamente factible con la tecnología ya disponible (acelerometría y cortisol en pelo son accesibles), y con un valor práctico enorme: convertiría la inactividad en un indicador accionable, no solo en una observación.

Dónde se ubica el estudio italiano reciente

En julio de 2026, un equipo de las universidades de Milán y Udine publicó en Animals un estudio piloto que combinó acelerometría durante 30 días, observación conductual por video y medición de alopregnanolona en pelo, en 10 perros de dos refugios del norte de Italia. Su único resultado estadísticamente significativo fue que los perros clasificados con patrón tipo depresión descansaban significativamente más que los controles. La alopregnanolona, un neuroesteroide relacionado con la regulación del estrés vía receptores GABA, no mostró diferencias entre grupos y los propios autores la presentan como marcador exploratorio, no validado.

El aporte de ese trabajo no está en la magnitud de sus hallazgos, limitados por una muestra de cinco animales por grupo, sino en que suma una medición objetiva más a un patrón que ya venía siendo descrito. Sus autores señalan además dos limitaciones que aplican a todo este campo: los perros del grupo caso eran de mayor edad, y no puede descartarse que el dolor musculoesquelético subclínico o el declive sensorial expliquen parte de la inactividad observada.

El contexto chileno

En Chile, la Ley 21.020 de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía, vigente desde 2017, establece que los municipios pueden celebrar convenios con refugios y organizaciones de protección animal, y faculta a los jueces de policía local a disponer el ingreso de un animal a un refugio o centro de mantención temporal en casos de maltrato. El primer censo de población canina y felina del país, realizado por la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Católica junto al programa Mascota Protegida de la Subdere, arrojó que aproximadamente uno de cada cuatro animales se encontraba sin dueño visible conocido.

En julio de 2025 ingresó a tramitación un proyecto de ley que, entre otras materias, propone establecer condiciones mínimas de ubicación, distanciamiento y control sanitario para refugios, caniles y agrupaciones de animales. El foco regulatorio hasta ahora ha estado en las condiciones de instalación y sanitarias, no en estándares de bienestar conductual ni en límites de permanencia.

Conclusión

La evidencia disponible converge en un mensaje incómodo pero útil: el refugio, incluso el bien gestionado, impone un costo fisiológico acumulativo que se revierte cuando el animal sale. Esto respalda con datos lo que el diseño original de estos espacios ya suponía, que deberían ser lugares de tránsito y no de residencia permanente. Mientras esa condición no se cumpla, existen intervenciones con respaldo que reducen el daño: acogida temporal, alojamiento social, enriquecimiento con alimento y entrenamiento, contacto humano regular. Y existe una pregunta abierta con potencial real: la investigación en roedores ya demostró que la inactividad prolongada cede cuando el ambiente mejora. Replicar ese diseño en perros de refugio no requiere tecnología que no exista, y transformaría un indicador hoy descriptivo en una herramienta de gestión concreta.

Puntos clave:

  • El cortisol en pelo aumenta cerca de un tercio tras seis semanas de permanencia en refugio y desciende tras la adopción (n=52, Universidad de Utrecht).
  • Los perros en hogares duermen unas 14 horas diarias; los de refugio, algo menos de 11.
  • La acogida temporal de una o dos noches reduce significativamente el cortisol, sin generar aumento por sobre el basal al regresar (n=207, 1.076 mediciones, 5 refugios, Universidad Estatal de Arizona).
  • Las diferencias de cortisol entre refugios distintos superaron, en algunos casos, el efecto de la intervención de acogida: la calidad de la instalación pesa más que la intervención puntual.
  • El enriquecimiento con juguetes de alimento más entrenamiento mejoró conductas deseables en un ensayo aleatorizado con 107 perros; el alojamiento en grupo reduce inactividad y estereotipias frente al alojamiento individual.
  • En ratones, el enriquecimiento ambiental y un antidepresivo reducen la inactividad prolongada, y quitar enriquecimiento la aumenta. Ese experimento causal no se ha replicado en perros de refugio, y es metodológicamente factible.

Referencias

  1. van der Laan JE, Vinke CM, Arndt SS. Evaluation of hair cortisol as an indicator of long-term stress responses in dogs in an animal shelter and after subsequent adoption. Sci Rep. 2022;12:5117. https://doi.org/10.1038/s41598-022-09140-w
  2. Gunter LM, Feuerbacher EN, Gilchrist RJ, Wynne CDL. Evaluating the effects of a temporary fostering program on shelter dog welfare. PeerJ. 2019;7:e6620. https://doi.org/10.7717/peerj.6620
  3. Herron ME, Kirby-Madden TM, Lord LK. Effects of environmental enrichment on the behavior of shelter dogs. J Am Vet Med Assoc. 2014;244(6):687-692. https://doi.org/10.2460/javma.244.6.687
  4. Fureix C, Walker M, Harper L, Reynolds K, Saldivia-Woo A, Mason G. Stereotypic behaviour in standard non-enriched cages is an alternative to depression-like responses in C57BL/6 mice. Behav Brain Res. 2016;305:186-190. https://doi.org/10.1016/j.bbr.2016.02.005
  5. Fureix C, Trevarthen AC, Finnegan EM, Bučková K, Paul ES, Mendl MT. Do greater levels of in-cage waking inactivity in laboratory mice reflect a spontaneous depression-like symptom? A pharmacological investigation. Pharmacol Biochem Behav. 2022;212:173311. https://doi.org/10.1016/j.pbb.2021.173311
  6. Trevarthen A, Davy R, Finnegan E, Railton RL, Paul E, Mendl M, Smulders T, Fureix C. Inactive but awake behaviour as indicating a depression-like state in mice: aetiological factors and association with adult hippocampal neurogenesis. R Soc Open Sci. 2025;12(10):251069. https://doi.org/10.1098/rsos.251069
  7. Boero S, Palestrini C, Berteselli GV, et al. “Beyond the Sad Eyes”: A Pilot Study on Behavioural and Physiological Indicators in Shelter Dogs Exhibiting Depression-like Behaviour. Animals. 2026;16(13):2079. https://doi.org/10.3390/ani16132079
  8. Environmental enrichments and data-driven welfare indicators for sheltered dogs using telemetric physiological measures and signal processing. Sci Rep. 2024;14:3277. https://doi.org/10.1038/s41598-024-53932-1
  9. Dalla Villa P, Barnard S, Di Fede E, et al. Behavioural and physiological responses of shelter dogs to long-term confinement. Vet Ital. 2013;49(2):231-241.
  10. Ley 21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía. República de Chile, 2017.

¿Qué significa esto en terreno?

  • Priorizar la reducción del tiempo de permanencia por sobre cualquier otra intervención. La evidencia de reversibilidad del cortisol tras la adopción es el hallazgo más sólido de todo este conjunto. Ninguna intervención dentro del refugio compensa completamente una estadía de años.
  • Implementar programas de acogida temporal, incluso de una o dos noches. El estudio con 207 perros muestra beneficio fisiológico durante la estadía y, lo que resulta clave para vencer la resistencia habitual, ningún costo adicional al regresar.
  • Auditar el propio refugio antes de invertir en intervenciones puntuales. Si las diferencias de cortisol entre instalaciones pueden superar el efecto de una intervención, mejorar las condiciones estructurales de base (ruido, alojamiento social, rutinas predecibles) probablemente rinda más que agregar actividades aisladas.
  • Favorecer el alojamiento en grupo cuando la compatibilidad social lo permita. Los perros alojados solos muestran más inactividad y más estereotipias.
  • Incorporar contacto humano positivo estructurado. Quince minutos de interacción tranquila tienen efecto fisiológico documentado. Lo relevante es que sea regular: el contacto irregular o ausente puede ser contraproducente.
  • Registrar la inactividad de forma sistemática, idealmente con acelerometría, no como diagnóstico sino como herramienta de priorización de casos.
  • Descartar siempre causas físicas primero. Dolor articular, osteoartritis no diagnosticada, declive sensorial y disfunción cognitiva producen el mismo cuadro conductual, especialmente en pacientes geriátricos que son mayoría entre los residentes de larga permanencia.

Cómo citar este resumen

Conejeros, A. (2026). Estadías prolongadas en refugios caninos: qué evidencia existe para mejorar la calidad de vida. Evidencia Vet. Recuperado de https://evidenciavet.cl/clinica-pequenos-animales/bienestar-refugios-caninos-estadias-prolongadas-evidencia/.

Artículos relacionados