Aturdimiento en la cosecha de salmón: la brecha entre la certificación y la evidencia, y por qué cerrarla también conviene

Resumen ejecutivo
Cada año se sacrifican en acuicultura miles de millones de peces, muchos sin aturdimiento previo. Donde sí se aturde, una revisión sistemática reciente concluye algo incómodo: ningún método actual, ni eléctrico, ni percusivo, ni gaseoso, logra un desempeño satisfactorio en el conjunto de criterios de bienestar, y el riesgo de que un pez quede consciente durante el proceso es medio a alto en casi todos los métodos. Para una industria certificada como la salmonicultura chilena, esto significa que la certificación garantiza un protocolo declarado, pero no que funcione de forma confiable pez por pez. La buena noticia es que un estudio complementario de factibilidad económica encontró que mejorar los sistemas de aturdimiento es rentable en la gran mayoría de los casos evaluados, lo que abre una vía de mejora que no depende solo de exigirle más cumplimiento a la industria, sino de mostrarle que la inversión tiene sentido comercial propio, con el bienestar animal como resultado correlacionado.
Qué está en juego en el momento del aturdimiento
En cualquier sistema de producción animal, el instante del sacrificio concentra el mayor riesgo de sufrimiento evitable. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) define la inconsciencia como un estado en que el animal no puede percibir estímulos externos ni controlar su movilidad voluntaria, incluyendo la respuesta al dolor. El aturdimiento eficaz debe inducir esa inconsciencia de inmediato, porque hasta que ocurre, el animal sigue siendo capaz de sentir.
Para especies terrestres, aturdir antes de matar es estándar obligatorio en Europa y otras naciones desarrolladas. Para peces, no. La mayoría de los peces producidos en acuicultura a nivel mundial mueren sin aturdimiento previo, mediante métodos como la inmersión en hielo o la asfixia, que causan una muerte prolongada y dolorosa. Donde sí se aplica aturdimiento, la revisión de Lambert y colaboradoras identifica un problema de fondo: su fiabilidad y precisión varían considerablemente, y no existen indicadores de inconsciencia validados por especie que se puedan aplicar con confianza en entornos comerciales de alto rendimiento.
La Comisión Europea anunció en 2020 que revisaría su legislación de bienestar animal incluyendo el sacrificio como área prioritaria, y en 2023 propuso disposiciones específicas de sacrificio para las cinco especies de peces más cultivadas: salmón del Atlántico, carpa común, trucha arcoíris, lubina europea y dorada. Hasta la fecha, ni el cronograma ni el alcance de esas disposiciones se han definido, dejando a la mayoría de los peces sin protección específica en el momento del sacrificio.
Los cinco métodos, evaluados contra la evidencia
La revisión organiza el análisis en tres fases (pre-aturdimiento, inducción del aturdimiento, y pérdida de conciencia con riesgo de recuperación) y evalúa cada método de forma sistemática. El panorama que resulta es de trade-offs, no de un método claramente superior.
Aturdimiento eléctrico en aire. Cuando se aplica con precisión, induce inconsciencia de inmediato, y para especies grandes el manejo puede automatizarse. Pero el pez debe manipularse para orientarlo hacia el aturdidor, lo que genera estrés, y requiere exposición al aire, considerada altamente aversiva incluso por períodos breves. Existe riesgo medio de mis-stuns, sensible al tamaño del pez, la especie, la orientación y la carga del equipo. En la práctica comercial, según observación directa reportada por una de las autoras, los peces pueden experimentar “pre-shocks” antes de entrar formalmente al aturdidor, mostrando aleteo y forcejeo aversivos.
Aturdimiento eléctrico en agua. El método más estudiado de todos. Su fortaleza teórica es que no requeriría manipular al pez, pero en la realidad comercial los peces igual son manejados y expuestos al aire. Cuando se ejecuta correctamente en laboratorio, induce inconsciencia inmediata sin señales de aversión. El problema es la duración: hay reportes consistentes de duraciones de inconsciencia cortas y variables, lo que crea un riesgo alto de que el pez recupere la conciencia antes de morir, particularmente en granjas donde el método de matanza (hielo, asfixia, desangrado) no sigue de inmediato al aturdimiento.
Narcosis con dióxido de carbono (CO2). El método con el perfil de bienestar más problemático de los cinco. No requiere manipulación ni exposición al aire, pero los peces expuestos a agua saturada de CO2 muestran conducta de aversión extrema, incluyendo movimientos violentos y trauma físico asociado. Esto es coherente con hallazgos de que el CO2 excita directamente los receptores de dolor en trucha arcoíris. El método puede tardar varios minutos en inducir inconsciencia, período durante el cual el pez muestra signos marcados de angustia. Por estas razones está siendo eliminado progresivamente en Europa, prohibido por definición en Noruega, y desde noviembre de 2024 los baños de CO2 están explícitamente prohibidos bajo el estándar de granja actualizado del Aquaculture Stewardship Council (ASC).
Aturdimiento percusivo. En principio, el método con mayor ventaja de bienestar: si se aplica con fuerza y precisión suficientes, induce inconsciencia inmediata e irreversible, evitando tanto la inducción prolongada como el riesgo de recuperación. En la práctica, la revisión encontró evidencia consistente de que un aturdimiento efectivo no se logra de forma rutinaria. Los “mishits”, donde el golpe impacta el cráneo pero no alcanza la región cerebral, son una causa común de aturdimiento fallido, y el problema se agrava a medida que el pez madura, porque los cambios en la morfología del cráneo exigen más fuerza. Lograr una colocación precisa es particularmente difícil con peces de tamaño variable, individuos que se mueven o forcejean, y bajo condiciones de procesamiento de alto rendimiento.
Mezclas de gases (distintas a CO2). El método menos estudiado con diferencia: la revisión encontró apenas un estudio con datos de conducta, que reportó reacciones altamente aversivas en dorada. No induce un estado inmediato de inconsciencia, y la probabilidad de que el pez recupere la conciencia es desconocida por falta de investigación.
El problema que atraviesa a todos los métodos
Más allá del método específico, la revisión identifica un problema estructural común: el conflicto entre los indicadores conductuales y los indicadores neurofisiológicos de inconsciencia.
En la práctica comercial, los operarios usan medidas conductuales que no requieren equipo especializado: el reflejo de enderezamiento, el reflejo vestíbulo-ocular, el movimiento opercular, la respuesta a estímulos. Son prácticos, pero poco fiables: algunos de estos indicadores pueden persistir después de que el pez ha perdido la conciencia, o cesar mientras el pez sigue consciente. El electroencefalograma (EEG), combinado con la medición de respuestas visuales evocadas, ofrece evidencia mucho más robusta de pérdida de conciencia, porque mide directamente la actividad cerebral. Pero hasta la fecha, el EEG no se considera viable en un entorno comercial de alto rendimiento, y la mayor parte de la evidencia proviene de estudios a pequeña escala con validez externa limitada.
Este punto se conecta con una limitación metodológica que la propia revisión hace explícita: de los estudios incluidos en la evaluación de métodos, solo cuatro se realizaron a escala comercial. Diecinueve fueron a escala de investigación. La disparidad entre lo que se demuestra en laboratorio y lo que ocurre en una planta procesando miles de peces por hora es, en sí misma, un vacío de evidencia que limita cualquier conclusión definitiva.
Y hay un matiz importante que la revisión hace con cuidado: la evidencia actual sugiere que los métodos de matanza sin aturdimiento (hielo, asfixia) generalmente causan más daño de bienestar que el aturdimiento. Pero esa conclusión depende críticamente de la frecuencia de mis-stuns, un dato que rara vez se cuantifica. Cuando el aturdimiento falla, el pez puede quedar expuesto tanto al efecto doloroso del intento de aturdimiento como al método de matanza aversivo que sigue después. En esos casos, la carga de bienestar combinada puede igualar o superar la del método sin aturdimiento, pese a que desde afuera el proceso parezca más aceptable por incluir la palabra “aturdimiento” en el protocolo.
La brecha entre certificación y evidencia
Aquí es donde este análisis conecta directamente con la realidad de una industria certificada como la salmonicultura chilena.
Los estándares privados de certificación han avanzado, en algunos aspectos, más rápido que la regulación pública. El ASC actualizó su estándar de granja en noviembre de 2024: todos los peces, incluso los que no se destinan a consumo humano, deben ser aturdidos antes de matarlos, con métodos mecánicos o eléctricos, y con los baños de CO2 explícitamente prohibidos por considerarse inhumanos. Certified Humane tiene una norma dedicada específicamente al salmón del Atlántico de cultivo, con una sección completa sobre aturdimiento y sacrificio que detalla requisitos de personal competente, equipo de aturdimiento y parámetros del aturdimiento eléctrico.
El problema es que estos estándares, por diseño, verifican que existe un protocolo declarado y que se usa un método aprobado. Lo que la revisión de Lambert y colaboradoras muestra es que “usar un método aprobado” y “lograr inconsciencia inmediata y sostenida en cada pez” no son la misma cosa. Un centro puede estar certificado, usar aturdimiento eléctrico o percusivo conforme al protocolo, y aun así tener una proporción no trivial de mis-stuns que nadie detecta, porque los indicadores conductuales disponibles en planta no son confiables y el EEG no es viable a esa escala. La certificación captura la intención y el método; no captura, todavía, el desempeño real pez por pez.
Esto no es una crítica a la certificación en sí. Es una descripción honesta de dónde está la ciencia: la revisión concluye que ningún estándar futuro podrá cerrar esta brecha sin inversión en tecnología de sensores de consciencia, entrenamiento de operadores y validación bajo condiciones comerciales reales, no solo de laboratorio.
El caso económico: por qué esto no depende solo de exigir más cumplimiento
Aquí está el complemento que cambia el tono de la conversación, y por lo que este artículo no se queda en el diagnóstico.
Carpenter, Vanderzwalmen y Lambert (2025) evaluaron la factibilidad económica de implementar aturdimiento eléctrico para cuatro especies donde no es práctica rutinaria en la Unión Europea: carpa, trucha, lubina y dorada. Usando un modelo de costos granular sobre 17 combinaciones de país, especie y sistema de producción, con datos de costos de 2018 a 2020, encontraron que 16 de los 17 segmentos evaluados siguen siendo rentables tras incorporar aturdimiento eléctrico en agua o en aire, bajo supuestos realistas de traspaso de costos. El único segmento no rentable ya era deficitario antes del cambio, por razones ajenas al aturdimiento. Para trucha, en particular, el aturdimiento incluso puede reducir costos, al disminuir requerimientos de mano de obra.
Esto importa más allá de Europa. Las industrias de producción animal, la salmonicultura incluida, tienden a operar en el margen mínimo que exige la legislación vigente, porque ese mínimo es el punto de referencia legal y de costos. El argumento puramente regulatorio (“la ley exige X”) empuja hasta ese mínimo y ahí se detiene. El argumento comercial, en cambio, tiene un mecanismo de incentivo distinto: si mejorar el sistema de aturdimiento es rentable, o incluso reduce costos operativos, la conversación deja de ser solo sobre cumplimiento y pasa a ser sobre inversión con retorno. Y como el desempeño del aturdimiento y el bienestar del pez están directamente correlacionados, según toda la evidencia revisada en el estudio de Lambert y colaboradoras, empujar la inversión por motivos comerciales produce mejor bienestar como efecto acompañante, no como concesión.
Esta lógica es particularmente potente para una industria orientada a la exportación como la salmonicultura chilena, donde la certificación ya es, en la práctica, una condición de acceso a mercado más que una opción voluntaria.
Realidad chilena: escala, certificación y una brecha de transparencia
La escala hace que este tema no sea menor. Según el reporte de Subpesca, la cosecha de salmón del Atlántico durante 2025 alcanzó 815.300 toneladas, un 16% más que el año anterior, y la de salmón coho llegó a 281.400 toneladas, con un crecimiento de 21,6%. Chile es, con estas cifras, uno de los mayores productores mundiales de ambas especies.
La certificación privada ya cubre a la mayoría de la industria. Según el informe de sostenibilidad del Global Salmon Initiative, en 2023 el 65% de la biomasa de salmón chileno producida por sus empresas miembro estaba certificada ASC, subiendo desde 54,5% en 2022, con compañías individuales como Salmones Camanchaca (77%), Blumar (71%) y Ventisqueros (64% de centros) acercándose a coberturas altas, y varias declarando como meta el 100% de su producción. Esto significa que la prohibición de baños de CO2 y la exigencia de aturdimiento mecánico o eléctrico instantáneo que ASC estableció en noviembre de 2024 ya aplica, en la práctica, a una mayoría creciente de la producción chilena. La presión de cambio en este ámbito no viene principalmente de la ley chilena, sino del estándar privado que exige el mercado de exportación.
El marco público sigue siendo escueto en comparación. El artículo 32 B del Reglamento Sanitario (RESA) establece que el sacrificio de peces debe asegurar la correcta sedación o insensibilización previa al corte de branquias, evitando el sufrimiento innecesario, complementado por el Programa Sanitario General de Procedimientos de Cosecha de SERNAPESCA. Es una norma correcta en su intención, pero sin el nivel de detalle técnico que sí ofrecen los estándares privados como el de Certified Humane, que especifica parámetros de aturdimiento eléctrico, competencias del personal y equipo requerido.
Un factor propio del proceso chileno que agrava el desafío de la fase previa al aturdimiento. La cosecha en Chile se realiza transportando los peces vivos en embarcaciones especializadas (wellboats) desde el centro de cultivo hasta la planta de proceso en tierra. Esa etapa añade manejo, hacinamiento y tiempo de transporte antes del aturdimiento mismo, exactamente el tipo de factor que la revisión de Lambert y colaboradoras identifica como determinante de qué tan bien funciona después el aturdimiento: un pez que llega más estresado a la etapa de inducción responde de forma menos predecible.
Y hay una brecha de transparencia que corresponde señalar como tal. No fue posible encontrar información pública específica sobre qué proporción de plantas chilenas usa aturdimiento percusivo frente a eléctrico, ni datos publicados de tasa de mis-stuns en plantas nacionales. Dado que la revisión encontró que a nivel global solo 4 de 71 estudios evaluados correspondían a escala comercial, es razonable inferir que Chile, pese a su volumen de producción, tampoco está generando o publicando esa evidencia de forma sistemática. Esa ausencia de datos no permite afirmar que el desempeño chileno sea peor ni mejor que el promedio internacional; simplemente no es verificable con la información disponible públicamente, lo cual es en sí mismo parte del problema que este artículo describe.
Interpretación Evidencia Vet
El aporte central de la revisión de Lambert y colaboradoras no es señalar un método culpable, sino documentar con rigor algo que la industria acuícola global necesita asumir: la certificación de que “se aplica aturdimiento” no es, por sí sola, evidencia de que el bienestar del pez esté protegido. La certificación audita protocolo y método declarado; la ciencia disponible muestra que el desempeño real, pez por pez, depende de variables (tamaño, orientación, carga, entrenamiento del operador, mantención del equipo) que ningún estándar actual verifica de forma sistemática con indicadores fiables.
Para Chile, este hallazgo llega en un momento particular. La industria salmonera nacional está mayoritariamente certificada bajo esquemas que ya exigen aturdimiento y que endurecieron sus requisitos en 2024, mientras la norma pública sigue siendo comparativamente escueta en el detalle técnico del proceso. Eso no vuelve irrelevante la certificación; al contrario, la vuelve el mecanismo de gobernanza más influyente disponible hoy sobre este tema específico en la industria chilena, más que la ley. Pero exige leer la certificación con la misma cautela que el propio ASC y Certified Humane tendrían que aplicar: cumplir el protocolo no equivale, todavía, a tener la validación científica de que ese protocolo logra su objetivo en cada pez.
El giro más constructivo de este análisis es el económico. Corresponde señalar que el estudio de factibilidad de Carpenter y colaboradoras se hizo sobre especies y sistemas europeos, no chilenos, así que sus cifras exactas no se trasladan sin más al salmón chileno. Pero el principio que establece sí es transferible: mejorar los sistemas de aturdimiento no es, en la mayoría de los casos estudiados, un costo que solo se justifica por cumplimiento regulatorio o de certificación. Es una inversión con retorno operativo propio. Para una industria que, como cualquier otra, tiende a operar en el margen mínimo que le exige la norma vigente, ese es el argumento con más capacidad real de mover la aguja, precisamente porque no depende de apelar a la buena voluntad ni de esperar una ley más estricta. El bienestar mejora como consecuencia de una decisión que la propia empresa puede justificar en sus propios términos.
Conclusión
La evidencia científica disponible sobre aturdimiento en acuicultura entrega un mensaje incómodo pero necesario: ningún método actual, certificado o no, logra un desempeño de bienestar satisfactorio de forma consistente, y la brecha entre lo que se demuestra en laboratorio y lo que ocurre en una planta comercial de alto rendimiento sigue siendo amplia. Para una industria como la salmonicultura chilena, mayoritariamente certificada bajo estándares que ya exigen aturdimiento, esto significa que el cumplimiento del protocolo no puede leerse automáticamente como bienestar garantizado.
La vía más realista para cerrar esa brecha no depende solo de exigir más a la industria desde la regulación o la certificación. La evidencia de factibilidad económica muestra que mejorar los sistemas de aturdimiento es, en la mayoría de los casos estudiados, una inversión rentable por derecho propio. Ese es el argumento con mayor poder de movimiento real: uno que la propia industria puede adoptar por sus propias razones comerciales, con el bienestar del pez como resultado correlacionado y no como el único motivo invocado.
Puntos clave
- Una revisión sistemática de 2026 concluye que ningún método de aturdimiento actualmente disponible en acuicultura (eléctrico en aire o en agua, CO2, percusivo, mezclas de gases) logra un desempeño satisfactorio en el conjunto de criterios de bienestar evaluados.
- El CO2 es el método con peor perfil de bienestar: causa aversión extrema y tarda minutos en inducir inconsciencia; está prohibido por ASC desde noviembre de 2024 y baneado en Noruega.
- El aturdimiento percusivo tiene la mejor base teórica pero registra fallos frecuentes (“mishits”) en la práctica; el eléctrico es el método mejor estudiado pero con riesgo alto de recuperación de conciencia antes de la muerte.
- Un problema transversal a todos los métodos es el conflicto entre indicadores conductuales (usados en planta) y EEG (el estándar de referencia, no viable comercialmente aún), lo que impide confirmar de forma fiable si un pez sigue consciente.
- Solo 4 de 71 estudios evaluados en la revisión fueron a escala comercial, evidenciando una brecha significativa entre lo demostrado en laboratorio y la práctica industrial real.
- La salmonicultura chilena está mayoritariamente certificada ASC (65% de la biomasa en 2023, en aumento), lo que significa que las nuevas exigencias de aturdimiento de ese estándar ya aplican a la mayoría de la producción nacional, con mayor detalle técnico que la norma pública (RESA art. 32 B).
- Un estudio de factibilidad económica encontró que mejorar el aturdimiento es rentable en 16 de 17 segmentos evaluados en la Unión Europea, y en trucha puede incluso reducir costos operativos, lo que da base a un argumento comercial (no solo regulatorio) para invertir en mejores sistemas.
- No existe información pública disponible sobre la tasa de mis-stuns o el método predominante en plantas chilenas, una brecha de transparencia que dificulta evaluar el desempeño real de la industria en este aspecto.
Detalles adicionales del estudio
| Campo | Detalle |
|---|---|
| Título | Stunning methods in aquaculture slaughter and their implications for fish welfare |
| Autoras | Helen Lambert, Albin Gräns, Lynne U. Sneddon, Keri Tietge, Michelle Sinclair |
| Instituciones | Animal Welfare Consultancy (Reino Unido); Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas y Universidad de Gotemburgo (Suecia); Eurogroup for Animals (Bélgica); A World of Good Initiative (México/EE.UU.); Universidad de Queensland (Australia) |
| Revista | PeerJ, volumen 14, artículo e21258, 2026. Acceso abierto, revisado por pares |
| Tipo de estudio | Revisión sistemática con marco de evaluación de bienestar en tres fases (pre-aturdimiento, inducción, pérdida de conciencia y riesgo de recuperación) |
| Muestra | 71 estudios y reportes para identificar los factores de bienestar relevantes; búsquedas adicionales específicas por método (35 para eléctrico en aire, 22 para eléctrico en agua, 17 para CO2, 23 para percusivo, 10 para mezclas de gases), publicados entre 2015 y 2025 |
| Financiamiento | Effective Ventures Foundation; Consejo Sueco de Investigación; FORMAS (Suecia) |
| Conflictos de interés declarados | Dos autoras son consultoras contratadas por Eurogroup for Animals; una tercera es empleada de esa organización. Los autores declaran que el resto del equipo participó específicamente para asegurar que la revisión se publicara sin sesgo |
| DOI | 10.7717/peerj.21258 |
Se complementa con el estudio de factibilidad económica de Carpenter, Vanderzwalmen y Lambert (2025, Animals), con estándares de certificación privada (ASC, Certified Humane) y con la realidad regulatoria y de mercado de la salmonicultura chilena.
Referencias
-
Lambert H, Gräns A, Sneddon LU, Tietge K, Sinclair M. Stunning methods in aquaculture slaughter and their implications for fish welfare. PeerJ. 2026;14:e21258. https://doi.org/10.7717/peerj.21258
-
Carpenter G, Vanderzwalmen M, Lambert H. Economic feasibility of implementing stunning for farmed fish in the EU: a multi-species assessment. Animals. 2025;15(19):2812. https://doi.org/10.3390/ani15192812
-
ASC International. ASC position statement on stunning. Aquaculture Stewardship Council, 2024.
-
Certified Humane. Salmón del Atlántico de Cultivo: Normas de Bienestar Animal. Humane Farm Animal Care, 2025.
-
European Commission. Inception impact assessment: revision of the EU legislation on animal welfare. Brussels, 2023.
-
EFSA. Opinion of the Scientific Panel on Animal Health and Welfare (AHAW) on a request from the Commission related to welfare aspects of the main systems of stunning and killing the main commercial species of animals. EFSA Journal. 2004;2(7):45. https://doi.org/10.2903/j.efsa.2004.45
-
Compassion in World Farming. Sacrificio humanitario: trucha arcoíris. Mejora del bienestar en el sacrificio. CIWF, 2018.
-
Subpesca. Informe de cosecha de salmónidos, año 2025. Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, Chile, 2026.
-
Global Salmon Initiative. Informe de sostenibilidad anual GSI, undécima edición. GSI, 2024.
-
Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA). Programa Sanitario General de Procedimientos de Cosecha. Res. Exenta N°2009/2014.
-
Vergara F. Nadando a contracorriente: bienestar animal en la acuicultura de salmónidos en Chile. 2024.
¿Qué significa esto en terreno?
- Auditar la tasa real de mis-stuns, no solo la existencia del protocolo. Un centro certificado puede beneficiarse de un muestreo periódico independiente que registre signos de aturdimiento fallido (ausencia de reflejos, movimiento opercular persistente, actividad natatoria tras el aturdidor), más allá de la verificación documental que exige la auditoría de certificación.
- Invertir en entrenamiento de operadores como prioridad de corto plazo. La revisión identifica el factor humano (habilidad, adherencia a protocolo, mantención del equipo) como una fuente de variabilidad poco estudiada pero con alto impacto potencial. Es la intervención de menor costo relativo con mayor probabilidad de reducir mis-stuns mientras la tecnología de validación mejora.
- Presentar la inversión en aturdimiento como decisión comercial, no solo de cumplimiento. Al evaluar mejoras de equipo, incorporar el argumento de reducción de costos operativos (mano de obra, calidad de producto, mermas por trauma físico) junto al argumento de bienestar, siguiendo la lógica que valida el estudio de factibilidad económica para el contexto europeo.
- Considerar la etapa de transporte en wellboat como parte del problema de aturdimiento, no como algo aparte. Reducir tiempos de hacinamiento y manejo antes de la planta de proceso mejora las condiciones de entrada a la fase de aturdimiento y, según la evidencia revisada, la probabilidad de que ese aturdimiento funcione de forma predecible.
- Explorar la validación con EEG a escala piloto donde sea viable. Aunque no es comercialmente escalable hoy, estudios emergentes ya se están realizando en granjas de bagre, lo que sugiere que la brecha entre laboratorio y planta se está cerrando técnicamente. Una empresa que participe temprano en esa validación adquiere ventaja de conocimiento sobre sus propios protocolos.
- Usar la transparencia como diferenciador comercial, no solo como exigencia. Publicar tasas de mis-stuns o participar en el desarrollo de bases de datos compartidas de la industria, algo que la propia revisión recomienda como prioridad de política, puede convertirse en un argumento de mercado frente a compradores cada vez más atentos al bienestar animal verificable, no solo declarado.
Cómo citar este resumen
Conejeros, A. (2026). Aturdimiento en la cosecha de salmón: la brecha entre la certificación y la evidencia, y por qué cerrarla también conviene. Evidencia Vet. Recuperado de https://evidenciavet.cl/acuicultura/aturdimiento-cosecha-salmon-certificacion-evidencia/.
Artículos relacionados

Piojo de mar en salmonicultura: qué tecnologías de control tienen evidencia real y cuáles no
Revisión de tecnologías de control de piojo de mar (lonas, láseres, acústica, IA): ninguna está validada sobre Caligus rogercresseyi, la especie chilena.

HSMI y PRV en Chile: por qué el mismo virus enferma distinto al salmón del Atlántico y al coho
PRV infecta más del 80% de los centros de salmón del Atlántico chileno con baja mortalidad, pero en coho encabeza las muertes infecciosas.

Virus ISA en Chile: guía completa del PSEVC-ISA, muestreo y control 2026
Guía práctica del PSEVC-ISA: qué muestrear, con qué frecuencia, umbrales de notificación y plazos de cosecha, según la Res. Ex. N°1577/2011 vigente.